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Los juegos del recreo de toda la vida

Todavía no sabemos si este artículo sobre los juegos del recreo está pensado para los pequeños o los mayores. Lo que sí tenemos claro es que lo vais a pasar pipa. ¿Recordamos juntos?

Juegos del recreo.

El recreo siempre pasaba demasiado rápido. ¡Qué impotencia! Cuando los juegos del recreo empezaban a ponerse emocionantes sonaba el timbre, ese timbre demoledor. O aparecía el profesor de turno tocando las palmas y diciendo: “Chicos, vamos, a clase”. Sólo te daba tiempo a meter la camisa por dentro, peinarte un poco y recomponerte para volver al tajo. La verdad es que la cosa no ha cambiado mucho. Como siempre, te comías en bocata de la merienda volando, al mismo tiempo que juagabas. Una pregunta: ¿Cuándo os pedían un trozo de bocata érais de los que poníais el dedo de manera estratégica?

En el colegio siempre nos guiamos por modas a la hora de jugar: la de los trompos, la de las canicas, la de los globos de agua. Si hay Juegos Olímpicos nos convertimos en atletas; si hay final de la Champions en centrocampistas de élite. Coreógrafos de bailes de moda. Hay juegos del recreo que nunca se dejan de practicar y que son eternos.

Juegos del recreo.

Los juegos del recreo de siempre

En los patios de recreo se llevan viendo algunos juegos que nunca pasarán de moda. ¿Qué niños han dejado de jugar en los recreos a “la pita” o “tú la llevas”? Todavía se les puede ver correr y gritar: “¡Casa!”. Cuando toca, los vemos jugar a las canicas o lanzando la peonza. Hubo un tiempo en el que se habían puesto de moda las batallas de globos de agua, pero los profesores se pusieron serios y frenaron la fiebre. El escondite, el pañuelo, la rayuela, la comba. Todos hemos jugado a esto. También al brilé, ¿os acordáis del brile? ¡Qué juego más divertido!

Todos estos juegos forman parte de nuestra infancia, de horas y horas de patio de recreo en compañía de los amigos y compartiendo el bocata. Muchos de ellos se siguen jugando y el bocata sigue siendo la opción estrella para la merienda del recreo. Hemos cambiado mucho pero, en algunas cosas, no tanto